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KINO, HUMBOLDT, EL “VOCHO” Y MERKEL EN MÉXICO

 

 

 

KINO, HUMBOLDT, EL “VOCHO” Y MERKEL EN MÉXICO


Por Juan U. Hernández


Hablar de Alemania en nuestro país, se vincula de manera automática con el gobierno Nazi y las consecuencias que todo mundo conoce ocurrieron a mediados del siglo pasado en el viejo mundo, pocos a menos de que sean habitantes de la capital del país o de la cerca ciudad de Puebla, relacionan el nombre de esta Nación con el Club Alemán o a la principal empresa de automóvil que durante años confeccionó el escarabajo, el “vocho”, por cierto fabricado por instrucciones de Hitler como prototipo de vehículo para la clase trabajadora.

Pero desde la Nueva España son diversos los personajes del viejo mundo que han acompañado la historia de nuestra Nación y que se analizan desde diversas vertientes.

Si de cartógrafos se trata, nadie olvida al que supo dilucidar en su momento, como misionero jesuita, que Baja California no era una isla, como muchos lo creían, sino una península del continente, esto después de recorrer palmo a palmo la Pimería Alta de la Nueva España, territorio que una parte es ahora de México y otra de Estados Unidos.

Hablo del italiano Eusebio Francisco Kino, quien murió en la ciudad que ahora lleva su apellido en marzo de 1711, Magdalena de Kino, y cuyos biógrafos lo mencionan, además de misionero, como explorador, cartógrafo, geógrafo y astrónomo que “se distinguió entre los indígenas de lo que hoy es el noroeste de México y el suroeste de los Estados Unidos por los métodos de evangelización. Estableció 20 misiones y/o visitas, y se le conoció por su capacidad para entablar relaciones entre los indígenas y las instituciones religiosas que representaba”. (Wikipedia).

100 años después, otro europeo anduvo recorriendo la Nueva España para establecer su cartografía y un ensayo político que a todo mundo interesó por la descripción de riquezas naturales que dicho personaje encontró en el gran reino, que era, esta colonia española.

El alemán Alejandro de Humboldt, comenzando el siglo XIX asombró al mundo del viejo continente con sus estudios realizados en el nuevo continente y en particular por su Ensayo Político sobre el reino de la Nueva España donde retrata lo encontrado a su paso y con los datos proporcionados por la administración virreinal, lo que para algunos historiadores aportó para el inicio de la Independencia de México y para otros, sirvió para aumentar los apetitos de expansión del vecino del norte hacia el Pacífico sobre territorio ya independizado de España.

Durante la guerra de Independencia y consumada esta, sus textos seguían siendo guía para muchos en México, al grado de que al morir en 1959, en plena guerra de Reforma, Benito Juárez como presidente interino del país lo nombró “Benemérito de la Patria” y mandó a realizar en Italia una estatua de tamaño normal del barón Alejandro de Humboldt y todo por sus estudios sobre la naturaleza, sus riquezas y sus opiniones vertidas en sus obras sobre lo que entonces todavía era la Nueva España pero que se conoció iniciada la guerra de Independencia y ya terminada ésta, su versión en español.

En 1869, 14 de septiembre, la sociedad Humboldt presidida por Ignacio Ramírez el “Nigromante” fue invitada a celebrar el aniversario del grito de Independencia y de acuerdo a la crónica de la época recogida en “Humboldt desde México” (UNAM 1960) se resalta lo siguiente:

“Resulta muy significativo que los únicos representantes diplomáticos invitados y presentes en la ceremonia fueron el de la Confederación Alemana y el de Estados Unidos. Don Blas Barcárcel, Ministro de Fomento y Presidente de la Sociedad, con su presencia reglamentaria y oficiosa respaldaba la solemne sesión. Pero dejemos por el momento el análisis crítico de los discursos y reseñemos con atención otros festejos menos solemnes que tuvieron lugar en la capital mexicana con motivo del centenario ya indicado. El Club Alemán y la H. Colonia Alemana organizaron en la noche del 13 de septiembre un desfile de antorchas, que partiendo del número 5 de la segunda calle de San Francisco (hoy Madero) se dirigió, encabezado por la banda de zapadores, a la casa que en México habitó Humboldt; se cantó allí el Heil Dir im Siegerkranz, con el aire del himno nacional inglés, y después se dirigieron los alegres manifestantes al zócalo donde formaron un inmenso círculo, en cuyo centro se consumieron los hachones en colosal pira. El Club Alemán dio una fiesta suntuosa, en la que el vino del Rhin corrió a raudales en honor del venerable patriarca de la ciencia moderna. A los brindis habló el ministro alemán, y fuera de programa intervino por aclamación del general Nelson, embajador de los Estados Unidos, quien haciendo dúo al representante de la Confederación Germánica -¡oh sombras del año 70!- insistió en que las glorias de Humboldt no fueron alcanzadas mediante hazañas guerreras ni éxitos militares; que su triunfo fue el de la ciencia y el de las laboriosas investigaciones para beneficio de sus conciudadanos, y que Humboldt fue el benefactor y no el destructor del género humano. Humboldt, según el embajador norteamericano, fue el magnífico representante de la raza teutónica que trajo a Europa con las invasiones la semilla de la libertad, esa raza que aportó los principios constitucionales, que desenvolvió el republicanismo en Estados Unidos, que lo llevó después a México y que lo extendió más tarde por el resto del continente americano”.

Claro que Humboldt es ahora un apellido muy conocido porque da nombre a muchos sitios en el país, al grado de que pocos lo ligan con Alemania o alemanes, porque la melodía de su entonación lo hacen casi latino.
Pero es claro que en un mundo globalizado como el nuestro, tenemos cosas hechas en todas partes del globo, siendo además de los medicamentos, el más conocido el del escarabajo que sirve de transporte a muchas familias y sobre todo de medio de transporte en las grandes ciudades donde sirve de taxi, principalmente.

Pocos sabemos, si no es que revisamos la historia de las relaciones entre los dos países, que consumada la Independencia en 1821, los comerciantes alemanes llegaron a México para establecer tratados de comercio y navegación que pronto los convirtieron en los primeros en el país, donde establecieron casas de comercio en diversas regiones.

A fines del siglo XIX la presencia de alemanes en México creció de manera paulatina y se creó la "colonia alemana" de residente; en 1895 se fundó el Colegio Alemán en la Ciudad de México; que atienden a cerca de 3 mil alumnos y es el más grande de Alemania en el exterior.

Los menonitas de origen alemán, que inmigraron a Chihuahua y Durango, son ejemplo de trabajo de descendientes de esta Nación Europea que es la primera economía de Europa y el segundo socio comercial de México después de los anglosajones.

Con el espíritu de solidaridad que nos caracteriza y que el general Lázaro Cárdenas demostró al mundo con la apertura a cientos de refugiados y perseguidos de Europa, llegaron miles de alemanes con distintas profesiones desde críticos de arte hasta periodistas como Walter Reuter.

Desde entonces, el intercambio comercial entre ambas naciones es cada vez más crecientes y recientemente México firmó el fin de doble cobro de impuestos que se hacía de las importaciones de aquella Nación, además de que recientemente la Canciller Ángela Merkel visitó nuestro país para estrechar vínculos.

La fundación de Volkswagen de México en Puebla en el año 1964 es el ejemplo sobresaliente de inversiones de empresas alemanas en México, ya que el “vocho" es un símbolo de Alemania aquí. Así como sus farmacéuticas.

De manera que si revisamos a fondo la historia de México nos encontramos que no sólo fue la invasión francesa de España, la Constitución de Cádiz y demás factores los que desencadenaron la guerra de Independencia, sino también los trabajos científicos de otros europeos como el Alemán Humboldt, los que aportaron los conocimientos, datos y demás detonantes de este movimiento.

Hoy Alemania está presente en México con mayor fuerza porque es una de las economías más importantes del mundo, exportadoras de muchos productos, con desarrollo de la ciencia y bienes de capital, que pocos notamos ante la invasión de productos chinos baratos pero de mala calidad.

Por si fuera poco, el Premio Nobel de Medicina 2008 correspondió al alemán Zur Hausen, pionero en las investigaciones que relacionan al virus del papiloma humano y el cáncer cervical, junto con otros investigadores franceses. Huasen nacido en Gelsenkirchen, estudió en Hamburgo, Bonn y Düsseldort y es presidente del Instituto Alemán de Investigaciones sobre el Cáncer.

De modo que como ciudadanos del mundo, nos encontramos con todos y con todo a la lo largo y ancho de nuestra república mexicana, así como de repente encontramos el Mariachi, el taco y el tequila en localidades alemanas.

Tal vez la frialdad alemana con que realizan sus trabajos en diversos campos del conocimiento, que no la frigidez de la que tanto se habla de ellos, sea el motivo por el cual su presencia en nuestro país no sea tan acentuada como el de otras nacionalidades, que entienden mejor la sensibilidad latina contrastante.

Por eso, aquella frase de un anuncio de “fiesta en tu casa” les impida tomar parte del festejo, pero sin duda de que están presentes en la historia, en la vida cotidiana y sus dolores, nadie lo duda, pero pocos lo saben.

México está unido a Alemania y no sólo por el fútbol y el “vocho”, sino por diversos lazos históricos que hay que ir desmarañando poco a poco para ponerlos a la luz de la opinión pública.

 

 

 

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