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EL FRAUDE DE AUTOFIN
AHORA EN POZA RICA
I
Autofin Monterrey es otra empresa más del capitalismo dedicada a robarle
a la gente. Recientemente acudí a solicitar informes sobre un
financiamiento para auto, el 7 de agosto de 2010. Me atendieron muy
amables, y me dieron todas las facilidades para tramitar el crédito. Me
dijeron que no se necesitaba enganche, que no se requería aval, y que en
15 días me entregarían el auto, el 20 de agosto, porque me estaban
incluyendo en un grupo especial de adjudicación inmediata, sin necesidad
de sorteos; pero tenía que ser ya, porque era un grupo muy especial y al
día siguiente de seguro ya no habría cupo. Sólo debía pagar mil 500 de
inscripción más la primera mensualidad de unos 2 mil 300, más IVA: en
total fueron poco más de 4 mil pesos. Pregunté reiteradamente si en
verdad no se requería aval, y siempre me dijeron que no. Pregunté una y
otra vez si ese dinero no lo iba a perder en caso de que no me aceptaran
o en caso de que me arrepienta, y me reiteraron que no, que no lo iba a
perder, que me lo regresarían íntegramente. Me dijeron que no revisaban
el “buró de crédito”, es decir, la lista negra del pueblo miserable que
no puede pagar sus compromisos, y me aseguraron amplias facilidades para
pagar en caso de que me atrasara. Ah, y si quería, podía cambiar de auto
al ser adjudicado. Eso sí, me impusieron un seguro de auto y otro de
vida que no pedí, incluidos en los costos, pero no protesté. ¿Cómo iba a
protestar?
II
Acudí al siguiente día con mi documentación y el dinero. En diez días me
llamarían desde la casa matriz de Monterrey para informarme si había
sido aprobado el crédito. Como no lo hicieron, les llamé y me dijeron
que esperara, hasta que me llamaron luego de 4 o 5 días más. Vía
telefónica me dijeron que ya estaba aprobado mi crédito, pero que el
auto sería adjudicado por sorteo, o al cabo de 13 meses pagados
puntualmente; también me ofrecieron poder pagar esos 13 meses de una vez
para que me entreguen el auto, o entrar a una subasta. Y me dieron el
número de mi contrato, no sin antes felicitarme. Les dije que me
prometieron una entrega inmediata; me respondieron que el contrato no
estipula eso. Así que llamé a la señorita que me prometió la entrega
inmediata y no contestan sus teléfonos; acudí a la agencia a buscarla,
no se encuentra. Entonces busqué la página de internet para averiguar lo
que dice ese contrato, el cual tampoco encontré. Pero me enteré de
algunos aspectos que ahí se contienen: mi primera sorpresa fue que la
mensualidad aumenta alrededor de 600 pesos una vez que se adjudica el
auto, lo cual no me explicaron, y así, ya no se ajusta a mi presupuesto
y el costo del auto aumenta. También me enteré que sí piden aval al
momento de la adjudicación del auto. Y supe que no te dan ninguna
facilidad para pagar mensualidades atrasadas: bastan dos adeudos para
que cancelen tu contrato y se queden con todo.
III
Así las cosas, acudí tres veces a la agencia para cancelar el crédito y
a que me regresen el dinero. No los encontraba, me decían que no estaban
los encargados y que el dinero no se regresa. Llamé dos o tres veces a
Monterrey para ver quién podría solucionarme el problema. Me repitieron
que el dinero no se regresa, “le informaron mal”. ¿Y quién responde por
esa falsa información? Lo que cuenta es el contrato, me dijeron, a eso
nos atenemos nosotros. Claro, para eso no hay cámaras de video que
verifiquen las promesas de la asesora de ventas que me enganchó en esto,
le dije. Me dieron el nombre de la gerente de la sucursal en Poza Rica,
Verónica Vargas, y ahora sí me dejaron hablar con ella. Le conté todo, y
me reiteró que el dinero no se devuelve, que incluso se quedan con las
tres primeras mensualidades, que siga con los pagos mensuales, que los
sorteados están saliendo pronto, en 5 o 6 meses a más tardar. Le dije
que la señorita que me atendió, de nombre Abril Muñoz, me prometió todo
al revés de lo que dice el contrato, sólo para enganchar la venta, y que
eso no es ético. “Qué raro, ella ya lleva dos años trabajando aquí, y yo
no sabía que eso estaba pasando”. Usted debió leer el contrato, añadió
lapidariamente. Le aseguré que el contrato me lo dieron señalándome con
el dedo dónde debía firmar, no para que lo leyera; tampoco me entregaron
copia, ¿y por qué iba a desconfiar de la señorita?, ¿con qué clase de
gente estoy tratando?, ¿qué clase de empresa es ésta… acaso no es seria?
Sí es seria, me respondió, pero desgraciadamente nosotros tenemos que
atenernos a las leyes, a lo que dice el contrato, avalado por la
Secretaría de Gobernación y la Procuraduría Federal de Protección al
Consumidor (PROFECO). ¿Las leyes?, le respondí, usted sabe para lo que
sirven las leyes, pero en todo caso aquí dice que se devuelve el importe
de este recibo, le señalé. Sí, me respondió, pero también dice que en 5
días, “en caso de no ser aprobado el crédito”, y usted fue aprobado.
Pero me dicen que espere 10 días para saberlo, y cuando me informan,
resulta que ya no es tiempo; aquí hay una trampa, una estafa, un robo. Y
lo que es peor, un robo legal, pensé entre mi. Pero usted ya firmó, me
dijo, y no puede estar cambiando de opinión, eso es de niños. No, es de
sabios, debí responderle, pero no se me ocurrió en ese momento. Le
recomendamos que siga con sus pagos mensuales, concluyó, de otra manera
perderá su dinero; y me entregó una carpeta de plástico azul con el
contrato y una carta de bienvenida.
IV
Llegué molesto a casa, no me sentía libre. Me estaban acorralando y
obligando a un contrato que no habíamos convenido, pero que sin embargo
ahí estaba en el papel, firmado por mi. Ése era mi gran pecado, haber
confiado en la palabra de otra persona. Hasta entonces pude leer y
analizar con calma el contrato, cuando ya estaba firmado, verificando
todo lo que me enteré; y descubrí una cosa más que no me dijo la
gerente: se puede cambiar por un auto más barato para bajar las
mensualidades, pero también eso me va a costar. Todo te cobran. Vi que
todo el contrato es en contra del consumidor, y no se halla ninguna
responsabilidad seria para la empresa; por eso procuran que no sea leído
previamente a su firma. Al cliente le “penalizan” con multas, tratándolo
como delincuente, esclavo o rehén al que habrá que sacarle todo lo que
se pueda. Por cierto, al llevar por escrito mi solicitud de cancelación,
la gerente no me quiso firmar el acuse de recibo. Así que el rehén tiene
que firmar todo, pero ellos no pueden firmar un simple acuse: “se lo
recibo, pero no le firmo”, me dijo la secretaria. Enseguida busqué en
internet qué hacer en estos casos. Descubrí que cientos de personas,
seguramente miles, se han visto defraudadas de igual manera por esta
empresa en todo el país, con montos mucho más altos y de formas aún más
descaradas; y la PROFECO siempre solapando y de su lado, al igual que la
Secretaría de Gobernación. ¿Cómo es posible que estas instituciones de
gobierno permitan este tipo de contratos totalmente leoninos? Sólo en un
gobierno “de empresarios y para empresarios” es posible. El pueblo no
tiene otra alternativa que denunciar públicamente el fraude de estas
empresas, organizarse, y hacerse justicia por propia mano.
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