LA PRESIDENCIA IMPERIAL CONTRA LAS FUERZAS

PROGRESISTAS DE LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

  • ¿Y la división de poderes y de competencia entre ejecutivo y su partido 'apa?

  • Será tiempo de definiciones entre los intereses y grupos que la conforman

CIUDAD DE MÉXICO.- Los grupos conservadores y progresistas al interior de la 4T comienzan sus jaloneos a la hora de definir políticas públicas y acciones que permitan promover el cambio para solo simularlo en el caso de los primeros, o bien iniciar el cambio que permita lograr la transformación de la que tanto se habla y de la que poco se ha logrado hasta ahora por las resistencias de los grupos de interés diversos que apoyaron la llegada de este gobierno.

Para nadie es un secreto que Morena solo fue un movimiento de todos los interesados, de chile, dulce y manteca, en que López Obrador llegara a la presidencia para ahora cobrarle la factura en función de sus particulares intereses.

Y revisando los personajes que llegaron como legisladores primero y después como funcionarios del nuevo gobierno, son pocos los representantes de la izquierda progresista del país, muchos de la derecha y el centro, incluyendo al presidente.

No olvidemos que como Jefe de Gobierno del DF calificó de "fifi" la marcha que demandó mayor seguridad en México, nunca apoyó el movimiento feminista ni la igualdad de género, fue Marcelo Ebrard durante su gobierno el que aprobó la suspensión legal del embarazo, no ha sido el tabasqueño el impulsor de mejores propuestas, sino todo lo contrario como lo estamos viendo ahora: eliminación del tiempo fiscal con el que pagaban sus impuestos los dueños de la radio y TV en México; más contaminación en lugar de energía renovables.

Los medios de comunicación hacen eco de la presidencia imperial que siempre ha existido con sus titulares principales cuando dicen: "AMLO da portazo a Ramírez Cuellar, no se medirá la riqueza", encabezados propios de los gobiernos de partido único, lo promueven en los hechos, olvidando, cuando menos lo han declarado, que ahora se reconoce la separación de poderes y de competencia entre el Presidente y su Movimiento, y como la forma es fondo decía un veracruzano, el titular del Ejecutivo no cuida esto, ya que su declaración es un claro llamado a que "no hagan nada que yo no diga", como si fuera omnipresente.

Lo cual no es nuevo tampoco en el tabasqueño, todos recuerdan que desde que era Jefe de Gobierno y después candidato dos veces, en sus reuniones internas era el único que hablaba, como el pastor con su rebaño, nadie podía contradecirlo porque sufría el látigo del hielo a partir de entonces. Nunca ha dejado que le expliquen las cosas como son en la realidad, que el cree ver como Dios por encima de todos.

Por ello, Pablo Gómez, ex líder estudiantil de izquierda cuestiona porque no se aclara la medición de la riqueza como lo hacen otros países y que para ello es el INEGI, para realizar distintas mediciones que permiten mejorar y establecer políticas públicas eficientes a los gobiernos en diverso temas y ámbitos de competencia.

Alfonso Ramírez Cuellar, otra gente de izquierda, de las pocas que hay en el gobierno de la 4T, otro sería Alejandro Encinas y los demás incluido el presidente, son de centro y de derecha, chequen los nombres y sus perfiles, fue claro al señalar que contrario a la costumbre de sus seguidores, "no soy florero" y que está dispuesto a argumentar y presentar la iniciativa correspondientes porque, el si sabe, la situación que está viviendo México y se requiere de una reforma fiscal, esa que López Obrador ofreció a la Mafia en el poder, para que lo dejaran llegar, no realizar ni crear más impuestos.

Diputadas conservadoras como Dolores Padierna, la esposa del señor de las Ligas, la que se acomoda en todos los espacios que le permitan tener poder, pide ya la cabeza de Ramírez Cuéllar y nombrar una directiva colegiada al estilo PRD y que llevó a ese partido a su extinción, para que la consideren y desde Palacio Nacional, al estilo de los neoliberales, la nombren la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados o de Morena.

Ahora es cuando, en plena pandemia, se exacerba la lucha entre conservadores y progresistas del movimiento en el gobierno y muchos saldrán raspados porque hay que definir nueva cámara y gobernadores (candidatos) en septiembre. Hagan sus apuestas, aunque este pleito no tendrá la diplomacia del siglo XIX, sino las embestidas en las redes entre sicarios y fanáticos sin argumentos contra las propuestas viables de gobierno de izquierda de individuos que son floreros ni se prestan a los intereses maniqueos del presidente.

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